«Naranjita» nos plantea la siguiente cuestión: «Últimamente siento la necesidad de tener más independencia y autonomía de mi madre, pero me cuesta llevarlo a cabo porque me siento mal si me alejo. ¿Es normal? ¿Qué puedo hacer? Gracias».

Respuesta: La autonomía tiene un precio, y ese precio es la culpa. En la mayoría de los casos lo que los padres quieren para sus hijos es, sobre todo, que estén bien y que sean autónomos. Hay un texto de Kalil Ghibrán que lo describe muy bellamente, y te puede iluminar:

«Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa de mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti
porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero
sea para la felicidad
Pues aunque Él ama
la flecha que vuela,
Ama de igual modo al arco estable.»

Sé la flecha. Déjate lanzar.

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