«Manu» nos plantea la siguiente cuestión: «A veces tengo que pedirle algo a mi hijo adolescente, y me responde muy mal, y me pongo malo. ¿Qué puedo hacer? En el trabajo no me pasa eso con las personas que están a mi cargo.»

Respuesta: La cuestión de esta situación es cómo se lo pides, desde dónde se lo pides. Tú eres su padre, no su amigo, o su compañero. Tienes autoridad sobre él, y él, como adolescente, ha de encontrarse con los límites que le marcan sus padres.

Indicas que en el trabajo no te pasa, por lo que no tienes un conflicto de carecer de autoridad. Para aprender a ponerle límites a tu hijo, practícalo antes. Transfiere la fluidez que tienes en el trabajo a la situación en casa. Te propongo un ejercicio de PNL. Fíjate en lo que sientes, piensas y dices cuando pides algo en el trabajo.

Para aprender a ponerle límites, y puesto que parece que te cuesta, practícalo antes. Ya que en el trabajo no te pasa, transfiere la fluidez que tienes en el trabajo a la situación en casa. Es un ejercicio de PNL. Fíjate en lo que sientes, piensas y dices cuando pides algo en el trabajo. Fíjate en todo, y anótalo. Después procedes a ensayarlo en casa, antes de comunicarlo a vuestro hijo. Y lo ensayas en el espejo. Vas practicando, hasta que sientes que la situación ya se parece a la del trabajo. Si ves que hay algún detalle que no te sale igual, vuelves a la situación del trabajo una y otra vez, afinas y ajustas hasta que ya te sientas con la misma fluidez. Y luego ya lo pones en práctica con vuestro hijo. Y como todo, es cuestión de irlo mejorando con el uso!!

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies