Gabrielle plantea la siguiente cuestión: «Muchos años hago propósito de año nuevo, y luego no lo cumplo. ¿Sirve de algo? ¿Alguna sugerencia para que sea más efectivo?

Respuesta: Pregúntate qué hace que no cumplas tus propósitos. Una razón puede ser que se te olvida, con lo que sería mucha casualidad que apareciera por arte de magia lo que deseas. Luego la primera sugerencia es que lo tengas en la mente. Para ello, tenlo a la vista, en la nevera, en un corcho, enfrente de la cama, o en un post-it en el espejo del baño. Y antes de hacer las propuestas, mira a ver cuáles realmente son importantes para ti, y elige de 1 a 3 propuestas, no más. El que mucho abarca, poco aprieta, ya sabes. Para convertirlo en decisión, los tres estados del Yo (ver la pestaña «Análisis Transaccional«), el PAN, Padre, Adulto, y Niño, estén de acuerdo con esa propuesta. Para ello te puedes preguntar ¿Debo hacerlo? (Padre) ¿Es conveniente? (Adulto) ¿Me apetece? (Niño). Si una de las tres no se cumplen, mira a ver si puedes modificar algo de la propuesta para que esto cambie. Y una vez la tengas, comprueba que es una propuesta concreta, lo más concreta posible, que sea fácil comprobar que la cumples. Y otro requisito es que sea factible, que esté en tu mano y no dependa de los demás, o de recursos que careces.

Por ejemplo, la propuesta «voy a hacer deporte» no es concreta. Si haces deporte un día al año ¿la has cumplido? Una manera de concretar sería, por ejemplo, «al menos una vez en semana andaré una hora». Esto ya sería concreto. Y haz la pregunta del PAN: ¿Debo hacerlo? Parece que sí. ¿Es conveniente? Parece que también. ¿Me apetece? Quizá esta pueda fallar; mira a ver qué te apetecería de ello. Puedes quedar con otras personas, que eso te compromete más; o ir a algún sitio que te resulte atractivo; o que sea ir a una cafetería que te gusta, y te das el «premio» de tomarte algo apetecible, infusión, cerveza,… ¿Y es factible? ¿Hay alguna semana al año donde estés hasta arriba de trabajo, y no vaya a ser posible? Puedes pactarlo de antemano. Por ejemplo: «la semana donde hacemos el cierre de la empresa, que trabajo todas las tardes, no andaré. Pues la semana anterior andaré dos veces, o dos horas».  Y puedes re-negociar tu compromiso. Por ejemplo, si la idea original es hacer deporte para estar más en forma, y se te plantea la posibilidad de ir a tenis, eso podría anular el paseo, siempre que vayas al tenis. En cuanto no vayas al tenis, el compromiso de andar volvería a tener vigencia. Y por último, comprueba al menos una vez a la semana cómo va. ¡No esperes al año siguiente para ver lo que no hiciste!

En realidad es un contrato contigo, con la misma seriedad que cuando lo haces con otra persona.

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